“Dónde estás Walt Disney”, nuevo libro de poemas de BEATRIZ SCHAEFER PEÑA

“Dónde estás Walt Disney” Editorial Vinciguerra

BEATRIZ SCHAEFER PEÑA
DONDE ESTÁS WALT DISNEY, poemas (Ed. Vinciguerra – Colección Metáfora)

PALABRAS PARA UNA PRESENTACIÓN

por Ricardo Rubio

La manifestación de los sueños y los temores, la de las íntimas cuitas, la transferencia lúdica a través de alusiones, imágenes y metáforas de aquello que nos preocupa y que también nos precipita a la revelación explícita es, seguramente, una de las razones de la existencia del arte, y, para la confesión más directa, la poesía.

Este nuevo poemario de Beatriz Schaefer Peña es un claro ejemplo de cómo el desvelo se hace letra para descargar en palabras el peso de la reflexión, del raconto, del paso y los límites del tiempo.

El libro que nos reúne, “Dónde estás Walt Disney”, está estructurado en tres partes muy demarcadas en el juego exterior de las alegorías. La primera, delimitada “entre el vacío y el suceso puro”, frase ésta de Paul Valery que la propia autora eligió muy a acertadamente de epígrafe; una segunda parte, en la que la que convoca a algunas de la criaturas del reino animal para las alegorías; y la tercera, con un único poema: “Dónde estás Walt Disney”, texto algo más extenso que los anteriores.

Beatriz Schaefer Peña

En la primera parte, la poeta nos propone la reflexión ejemplificando la acción con sus propias memorias y deseos no alcanzados. El sueño, los sueños, son protagonistas en esta primera parte: los sueños destronados, el prodigio de los sueños, los sueños cautivos de otros sueños, el príncipe soñado, y como ella dice: Los sueños, ya se sabe, contienen la sustancia de la transparencia, o cuando dice que el olvido tiene el color de un sueño cuando muere. Sueños que hilan una música que se pronuncia en campanadas de afligida confesión. Ya decía, también, Paul Valery, que el dolor es música.

Y aquí, la transparencia, el olvido y la muerte no serán aleatorios, todo el libro nos delata un enfrentamiento con el olvido y la ausencia; así se refiere a un espacio distinto, o a ese temido límite al que llegamos imprevistamente, o a un corazón próximo a su agonía, o la magnífica línea: el largo pasaje hacia la eternidad sin sombras.

Beatriz Schaefer Peña necesita retorcer el lenguaje para intentar que los vocablos golpeen contra el cuerpo de lo real, para que no se duerma en una vidriera de palabras y acercarse de este modo cada vez más al íntimo núcleo del ser. Y no solo satisface la necesidad del sinceramiento sino también la calidad de la habitual altura de su canto.

A diferencia de la primera, la segunda parte del poemario goza de otro tono y de una profundidad más intelectiva, con representaciones que derivan en pasos y pesos de la memoria al través de un fabulario bellamente concebido. Las alegorías se entremezclan con alusiones que con sus metáforas parecen acopiar pasos, caminos, elecciones, algunas pinceladas místicas; todo al través de la transferencia de identidad a una serie de animales, a saber: cocodrilo, dromedario, gamuza, ibis, perro, araña, zorro, serpiente y macho cabrío. El ocasional lector deberá estar atento a la íntima significación de estos poemas, deliberadamente filosóficos, metafísicos más bien, altos en confesión, de profusos simbolismos y perfectas construcciones, y cuyo análisis sofocaría el tiempo de esta presentación.

Beatriz Schaefer Peña

La tercera parte, la que da título al libro: “Dónde estás Walt Disney”, pese a lo que en apariencia sugiere una simpática ironía, es un resumen de la primera parte o acaso del libro todo; la poeta ya no se acerca a las sensaciones del límite ni al silencio con tiempos de conjugación que pertenecen al pasado.

“Dónde estás Walt Disney” es un poema de sesenta versos donde la autora realiza un recuento histórico apoyada en algunos de los dibujos animados creados por Walt Disney, con los que se identifica para establecer un juego de representaciones y ejemplificar con ellos como se explayaron en las gradas del destino. Una suerte de nostalgia que embelesa y transporta, olvidando momentáneamente el futuro impreciso.

Me moviliza la idea de manifestar cuánto de conmovedor tiene esta forma de ver, o bien, esta forma de mirar de Beatriz Schaefer Peña, esta forma de traducir la memoria y entregarnos un lenguaje poético  valioso en semántica y ejemplar en tanto poiesis, en tanto singularidad. Sigue siendo original, probablemente la más original de su generación, aún respetando la corrección lingüística y la puntuación.

No intento con esta última aseveración propugnar la liberación de la preceptiva castellana, sino significar la importancia de la creatividad de nuestra poeta, que se sobrepone a las formas tan conocidas como adocenadas, abundantes de nuestro medio.

Sé que el ocasional lector podrá vibrar con imágenes sobrecogedoras del yo orgánico de Beatriz y que complementará los significantes con sus propias ansiedades, con sus propios intereses, mientras nuestra autora -como me agrada decir- no hace más que manifestar el canto genuino de un secreto con toda la voz.

Ricardo Rubio

 

 

 

 

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Poesía de Beatriz Schaefer Peña

La otra criatura

                                            Es muy larga la noche del corazón.
Jacobo Fijman

               Es cierto que yo existo.
Soy la vertiente pálida del corazón
próximo a su agonía,
la voz que anuncia el desamparo,
el hambre, el abandono del hombre
que ya no cree en el hombre.
Es cierto que yo existo, pero oculto.
Soy el vedado a cualquier ojo
que no sea el asesino.
Una serpiente con cuello de cisne
nacida de tristezas,
un monstruo imaginado
en la noche del miedo.
Tu otra mitad, tu sombra,
tu odio más profundo.

.

Los fantasmas

Acuden a la convocatoria
de las ansias,
extienden sus manos invisibles
y me toman el corazón, el pulso,
la memoria.
Viajeros de esa región
ya intransitable,
se detienen en mi desolación
y como hostiles guardianes
se levantan para espantar
el prodigio de los sueños.
Debo aprender a convivir
con la extraña presencia;
besar los labios débiles,
cerrar sus ojos ciegos que guardan
tanto instante de amor ya sin mirada.
Pero a mi lado
nada ha de ser como fue.
Ellos lo saben y sin embargo
se yerguen como espejos sin luz
y recomienzan la visita implacable
cada día que resta de mis días.

.

 

 

 

 

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